Creo que toda danza produce una subjetividad: unas formas posibles de entender y de ser en el mundo.  Me gusta pensar en una danza que rompa la norma y nos invite a generar nuevas maneras de estar vivos, y de entender y construir la realidad. Con este fin, la Compañía Nacional de Danza está en permanente cuestionamiento, lo que nos lleva  probar nuevas estrategias creativas, explorar territorios amables y abiertos y poner a prueba nuevos dispositivos.

 

La naturaleza que nos constituye como arte se sostiene en lo efímero: en esa dificultad de retener. Somos parte del momento, integrándonos al hecho creativo, ya que el rastro que deja sobre los cuerpos es finalmente una sensación. Al llegar a sus 42 años de vida institucional, esta compañía se ha propuesto generar unos flujos permanentes de trabajo, tanto con creadores ecuatorianos como extranjeros. Este trabajo colaborativo nos ha permitido crear nuevos montajes y ampliar nuestro repertorio de obras, a partir de la exploración de nuevos lenguajes. Como bailarines-intérpretes y, a la vez, co-creadores, los profesionales que integran nuestro elenco han sido partícipes activos de estos procesos creativos, lo que sin duda contribuirá a que ellos también incursionen en el ámbito de la creación como coreógrafos.

 

Actualmente, nuestro trabajo articula la creación de nuevas obras con espacios de aprendizaje continuo (laboratorios y residencias), así como actividades de difusión de la danza contemporánea –la danza inscrita en este fugaz presente-, con el fin de abrir nuestros espacios a un público emergente, que encuentra en el lenguaje de la danza la expresión de su propia subjetividad. Nuestro objetivo no es otro que seguir la ruta trazada por el entonces Conjunto Nacional de Danza en 1976: la búsqueda de un lenguaje propio, a través de las técnicas de la danza clásica y contemporánea, la exploración de nuevos lenguajes y la experimentación y creación continuas.

 

Este trabajo no sería posible sin una relación -basada en la reciprocidad  y el respeto mutuo-con la escena independiente. Y este intento por entretejer redes de trabajo con los colectivos de la escena local es lo que nos ha permitido entablar un diálogo reflexivo y crítico, del que surgirán nuevas propuestas. A su vez, estas propuestas se plasmarán en obras que llegarán a sectores más amplios de la ciudadanía, puesto que esas nuevas creaciones están en sintonía con las preocupaciones éticas y estéticas de un público emergente, cada vez más receptivo ante los nuevos lenguajes y formas de expresión.

 

Al ser  un trabajo de co-creación e interpretación entre coreógrafos ecuatorianos y extranjeros y el elenco artístico de la institución, este proceso creativo no sólo se ha concretado en el montaje de nuevas obras, sino también en la profesionalización –es decir, el desarrollo laboral y personal-, de nuestro elenco artístico. Y, a su vez, la capacitación y formación continua de nuestro elenco ha hecho posible que los integrantes de la Compañía compartan sus conocimientos con otros bailarines y coreógrafos de la escena independiente y, paralelamente, incursionen en originales e innovadoras formas de expresión a través del cuerpo y el movimiento.

 

Como una institución creativa, estamos siempre dispuestos a salir de nuestra “zona de confort” para buscar y explorar -en ese espacio inmensurable que es la danza-, los lenguajes que nos permitan crear nuevas obras y, a la vez, imprimir nuestro sello en esas propuestas. Consideramos que la danza debe alimentarse constante de nuevas “miradas” y “escuchas”, para replantearse de forma constante sus lógicas y maneras de trabajar y de crear.

 

Josie Thamar Cáceres García